¿Qué hemos aprendido tras una década de alianzas público-privadas en América Latina y el Caribe?

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Co Autores Escrito por: Roni SzwedzkiRoland Michelitsch

Hasta fines de 1990, América Latina y el Caribe era la región en la que más proliferaban las alianzas público-privadas (APP). En ese momento, las inversiones se desplomaron en parte por las reacciones adversas provocadas por su deficiente implementación. Apenas en 2005, y gracias al esfuerzo conjunto de los actores públicos, privados y multilaterales, las APP volvieron a ser una herramienta ampliamente utilizada.

Impulsados por la bajada de precios de los productos básicos, el aumento del déficit fiscal y la mejora de las condiciones para implementar APP, muchos países establecieron organismos específicos y fortalecieron las regulaciones. Como resultado las inversiones mediante APP casi se han quintuplicado, pasando de US$8.000 millones en 2005 a US$39.000 millones en 2015. En apenas una década, América Latina y el Caribe ha registrado inversiones de US$361.300 millones en alrededor de 1.000 proyectos de infraestructura enmarcados en APP, mayormente en los sectores de energía y transporte.

Las APP potencialmente pueden ayudar a superar algunas de las limitaciones del sector público, pero también generan inquietud. Los proyectos a gran escala plantean muchos riesgos técnicos, financieros, ambientales y sociales. Las APP exigen que se preste mayor atención a la asignación de estos riesgos, la resolución de controversias y el análisis del “valor por dinero”. Asimismo, requieren un desarrollo institucional que lleva tiempo consolidar y que, cuando se realiza en forma deficiente, puede elevar los costos y reducir o empeorar la calidad de los servicios. Además, la transparencia es un elemento clave para mitigar el riesgo de corrupción, que en los últimos años ha cobrado mayor visibilidad en América Latina y el Caribe.

En este contexto, los bancos multilaterales de desarrollo pueden jugar un papel importante a la hora de respaldar la creación de entornos propicios para atraer inversión privada, apoyando en la preparación de proyectos independientes y ayudando a subsanar las brechas de financiamiento. Además, tienen una potencial ventaja comparativa: su capacidad para involucrarse directamente con los sectores público y privado.

10 claves para fortalecer el apoyo de las multilaterales a las APP

La Oficina de Evaluación y Supervisión  ha revisado el apoyo del Grupo BID a las APP para proyectos de infraestructura en tres niveles: entorno propicio, preparación de proyectos y financiamiento, así como la experiencia de otros bancos de desarrollo. Estos bancos financiaron una proporción pequeña (3%) pero importante de la inversión mediante APP en América Latina y el Caribe. El Grupo BID fue el financista más importante entre esas entidades (35%), con 145 operaciones aprobadas por valor de US$5.800 millones entre 2006 y 2015.

Sobre la base de nuestras conclusiones, la Evaluación de Asociaciones Público-Privadas en Infraestructura, publicada en marzo pasado presenta 10 recomendaciones:

  1. Diagnósticos específicos: identificar y evaluar la demanda potencial de APP por país, incluyendo análisis de necesidades de infraestructura en el sector, entorno de las APP, limitaciones y riesgos fiscales, y tipo de apoyo que buscan los Gobiernos.
  2. Prioridades: incluir un marco general para determinar en qué países y sectores se necesita apoyo y de qué tipo, y definir las prioridades.
  3. Punto focal: establecer un punto focal de APP que cuente con suficiente autoridad y recursos para fomentar la colaboración entre todas las partes involucradas en la institución.
  4. Capacidades: hacer un inventario de las aptitudes existentes, identificar qué falta y tratar de atraer y mantener las aptitudes necesarias.
  5. Incentivos: reformar los incentivos, otorgando recompensas cuando se movilizan fondos de inversionistas privados y creando incentivos para la colaboración.
  6. Asesoramiento: Analizar los proyectos de infraestructura en tramitación y asesorar a los paísesacerca del modelo de prestación más idóneo, con independencia del sector que originará la operación.
  7. Nuevos productos: Explorar el uso y la elaboración de nuevos productos financieros y de asesoría adaptados a las necesidades específicas de los países, como financiamiento en moneda local, servicios de asesoría, instrumentos específicos de apoyo a los Gobiernos subnacionales y mecanismos de preparación de proyectos.
  8. Marco de resultados: examinar el valor por dinero de las operaciones de APP, la cantidad y calidad de los servicios prestados, los costos para el contribuyente y para el usuario y su sostenibilidad, además de evaluarse si se han cumplido los objetivos ambientales y sociales críticos.
  9. Conocimiento: Diseñar una estrategia de conocimiento específica sobre APPpara captar y documentar sistemáticamente los resultados de operaciones y las enseñanzas recogidas.
  10. Lecciones aprendidas: Incorporar sistemáticamente las lecciones aprendidas de la propia organización y de otros bancos en el diseño y la implementación de nuevas operaciones de APP.

Muchos países de América Latina y el Caribe con sólida capacidad para implementar APP tienen una larga lista de potenciales proyectos, y prácticamente todos los países más grandes cuentan con un programa de inversión en infraestructura en el que las APP juegan un papel fundamental. Dado que en algunas de las economías más importantes de la región el coeficiente de inversión privada con respecto al producto interno bruno (PIB) sigue siendo bajo, hay un margen considerable para nuevos proyectos.

Los bancos de desarrollo están bien posicionados para desempeñar un rol fundamental en estas futuras APP, proporcionando apoyo para que estas sean idóneas desde el punto de vista económico, ambiental y social, para generar entornos propicios que atraigan la inversión privada y para cerrar las brechas de financiamiento. Solo si se implementan estas recomendaciones estaremos en condiciones de contribuir a una ola de APP exitosas y evitar las reacciones adversas que hemos visto en el pasado. El Grupo BID ha aceptado las recomendaciones y se dispone a ponerlas en práctica.

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Last modified: Diciembre 12, 2017

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