Climate Investment Fund y financiamiento climático

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Hans SchulzEscrito por:

Foto de Creative Commons por Monosnaps

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¿Qué tienen en común Bob Marley y el cambio climático?

Nunca hubiera pensado que podría existir una conexión entre Bob Marley y el cambio climático. “Todo es cuestión de ‘Un solo amor'”, repitió el Honorable Ministro Ian Hayles, Ministro de Agua, Tierra, Medio Ambiente y Cambio Climático del gobierno de Jamaica, cuando abrió el Foro de Alianzas del Climate Investment Fund (CIF) en Montego Bay, Jamaica.

Evidentemente, el ministro es consciente de que, cuando se habla de luchar contra el cambio climático, todo es un poco más complicado que “un solo amor.” Sin embargo, empezar con un poco de amor, y sobre todo, la sencillez, consiguió que el tema del cambio climático se volviera un poco más entretenido para los 500 participantes globales que  atendieron esta semana al evento.

Compartiendo el escenario con el carismático ministro, también decidí comenzar con un mensaje simple. Dado que habría sido imposible comunicar todo lo que conllevan los más de 80 proyectos del BID financiados por el CIF, valorados en US$750 millones, dediqué mi intervención a hablar de una anécdota emblemática.

Todo comenzó  después de la crisis financiera de 2009. En ese momento, el comercio mundial había mundial y la actividad económica habían disminuido hasta casi pararse por completo. La fuga de capital de las economías en vías de desarrollo redujo drásticamente la liquidez, ya que las inversiones en las industrias establecidas fueron canceladas o pospuestas. Sin embargo, estos factores no inhibieron el progreso para aquellos con visión de futuro.

Al mismo tiempo, el gobierno de México estaba reconociendo la importancia de las energías renovables y decidió establecer objetivos ambiciosos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del país un 50% para el año 2050. Sin embargo, la viabilidad económica de estas tecnologías no había sido comprobada en el país, por lo que la financiación comercial a largo plazo no era una posibilidad.  En ese momento, México tenía menos de 200 MW de potencia eólica instalada. Para demostrar su viabilidad, era necesario construir y financiar con éxito un proyecto de gran escala y, sobre todo, la inversión tenía que ser liderada por el sector privado sin apoyo fiscal.

A través de una alianza innovadora entre México, CIF, el BID y otras agencias financieras de desarrollo fue posible que, en 2010, el parque eólico más grande de América Latina y el Caribe, con una capacidad instalada de 250 MW, comenzara a operar.

A día de hoy, el país cuenta con 2.000 MV de capacidad eólica instalada y casi 4 millones de dólares invertidos. Además, el 95% del capital es financiado por el sector privado. Para el año 2015, México espera alcanzar una producción de  3.600 MV – 1.000 veces la potencia instalada en 2005. Las previsiones para 2022 predicen que la energía eólica creará unos 11.000 empleos.

Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela y los países centroamericanos también están avanzando en esta dirección. El viento se está posicionando en la región como una fuente de energía limpia comercialmente viable que merece ser financiada a largo plazo. Trabajando con recursos del CIF, nosotros en el Grupo BID, buscamos tener el mismo efecto transformador en el campo de la energía solar y geotérmica y en el ámbito de la eficiencia energética.

Sin recursos de donante, como el CIF o sin la dedicación de los organismos multilaterales, ¿quién sabe qué sería de estas tecnologías? ¿Tal vez todavía estarían atrapadass en laboratorios experimentales, esperando recibirla atención de los gobiernos o de inversores interesados en apostar por tecnologías de alto riesgo?

El Grupo BID seguirá trabajando con el CIF para promover un acceso más flexible a los mercados más pequeños, como el Caribe. En las primeras etapas, los vehículos como CIF y el financiamiento multilateral tienen un papel importante que desempeñar. Desarrollar este tipo de proyectos a pequeña escala es todavía demasiado costoso para las compañías y por eso,  los mercados necesitan primero madurar y desarrollar un historial de éxito. Para ello, trabajamos con las empresas para calcular los costos ambientales y para internalizar los beneficios económicos. El potencial se extiende más allá de la energía renovable y eficiencia energética para el transporte, los edificios y la agroindustria.

Así que si el ministro quería decir amor por uno a otro, nuestra comunidad, la biodiversidad o las generaciones venideras, las acciones son las mismas. Así que juntémonos y utilicemos las herramientas de las que disponemos, y de un poco de amor, para responder con rapidez y decisión a los impactos del cambio climático.

Last modified: Septiembre 12, 2016

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